RETRATOS DE LA ARTISTA PANAMEÑA OLGA SINCLAIR

Estos retratos de la artista panameña Olga Sinclair fueron realizados durante una asignación para MAPFRE Panamá, mientras ella dictaba un taller de pintura para niños. La experiencia permitió fotografiarla no solo como figura pública de la cultura panameña, sino también en una de las dimensiones más significativas de su trayectoria: su vínculo directo con la formación artística de la infancia y con la transmisión del arte como herramienta de sensibilidad, imaginación y encuentro. 

Olga Sinclair es una de las artistas más reconocidas de Panamá. Inició su formación bajo la tutela de su padre, Alfredo Sinclair, figura clave del arte panameño y señalado como introductor del expresionismo abstracto en el país. Desde muy joven desarrolló una obra marcada por la fuerza del color, la figura humana y una pintura de gran intensidad expresiva, y a lo largo de su carrera ha expuesto de manera individual y colectiva en distintos países, consolidando una presencia internacional sostenida. 

A esa trayectoria se suma una labor pedagógica y social de enorme alcance. A través de la Fundación Olga Sinclair, ha impulsado durante años talleres y programas de arte para niños y jóvenes, convirtiéndose en una de las promotoras culturales más activas de Panamá. Esa vocación tuvo una proyección internacional particularmente visible en 2014, cuando la fundación logró un Récord Guinness al reunir a 5.084 personas pintando simultáneamente en una actividad con niños realizada en Ciudad de Panamá. 

En estos retratos me interesaba precisamente registrar esa doble condición: la de una artista de amplia proyección y la de una mujer completamente volcada al acto de enseñar, acompañar e inspirar. Más que retratarla desde una distancia institucional, busqué acercarme a su presencia dentro del taller, en medio del intercambio con los niños, allí donde su pintura y su vocación pedagógica parecían encontrarse de manera más natural.

Para mí, esta asignación tuvo además el valor de haberla conocido en una situación viva, activa, rodeada de color, energía y atención compartida. Esos retratos nacen de ese cruce entre obra, carisma y oficio: el de una artista cuya importancia no se mide solo por la trayectoria de su pintura, sino también por su capacidad de sembrar en otros el impulso de crear.

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