PANORÁMICAS DE CARACAS - VENEZUELA
Caracas vista desde el aire deja de parecer una ciudad y se convierte en una herida abierta, en una respiración inmensa, en un territorio donde la belleza y el vértigo conviven sin pedir permiso. Desde arriba, su geografía se revela con una claridad brutal: el valle, las montañas, las pendientes ocupadas hasta el límite, la expansión del concreto y, al mismo tiempo, la persistencia de una ciudad atravesada por la luz, por la fragilidad y por una energía difícil de nombrar. Caracas no se deja mirar fácilmente; hay que rodearla, entrar en sus pliegues, aceptar sus contradicciones. Su emplazamiento en un valle estrecho, cercado por la Cordillera de la Costa y bajo la presencia determinante del Ávila, ha marcado profundamente su crecimiento y su forma de existir.
Este proyecto nació en 2003, durante una oportunidad excepcional: dos horas de vuelo en helicóptero sobre la ciudad, una cámara panorámica Hasselblad XPan II y varios rollos de diapositiva. La XPan II, concebida para trabajar con un formato panorámico de 24 x 65 mm, permitía construir una mirada expandida, larga, abierta, especialmente adecuada para una ciudad como Caracas, cuya complejidad parecía desbordar siempre los límites de un encuadre convencional.
Fotografiar Caracas de este modo fue también intentar entenderla. Desde esa altura, la ciudad aparecía como una inmensa cartografía de tensiones: urbanizaciones y cerros, orden y desborde, arquitectura y precariedad, sombra y fulgor. Pero más allá del impacto visual, estas imágenes fueron para mí una manera de enfrentar la dimensión simbólica de una ciudad que ha sido, para tantos de nosotros, origen, conflicto, memoria y destino. No se trataba solamente de registrar su escala, sino de escucharla desde otra distancia, de verla entera por unos segundos, como si el aire permitiera comprender algo que desde tierra siempre se nos escapa.
En estas panorámicas, Caracas se muestra monumental y vulnerable a la vez. Hay en ellas una fascinación inevitable, pero también una conciencia del peso humano que sostiene cada centímetro de ese paisaje. Son imágenes de una ciudad desbordada, sí, pero también profundamente viva. Una ciudad que, incluso fragmentada, incluso herida, sigue imponiendo su presencia con una intensidad imposible de olvidar.