EL HOMBRE NUEVO - THE NEW MAN

Los venezolanos que hoy transitan sus veintes nacieron y crecieron dentro de un mismo relato político. Mientras en otros países una generación ha visto pasar varios presidentes, en Venezuela muchos solo han conocido dos nombres en el poder: Hugo Chávez y Nicolás Maduro. Su experiencia del país ha estado marcada por la precariedad, la espera, el miedo, la economía informal, la imposibilidad de autonomía y la normalización de una crisis que se volvió paisaje cotidiano.

Sin embargo, una de las grandes promesas de la llamada Revolución Bolivariana fue justamente la creación de un nuevo sujeto histórico: un ciudadano transformado en sus valores, en su conciencia y en su manera de habitar lo social. Chávez lo nombró explícitamente como “el hombre nuevo” durante una emisión de Aló Presidente N.º 268, a fines de febrero de 2007.  

Este proyecto parte de esa fractura entre la promesa y el resultado. EL HOMBRE NUEVO está compuesto por retratos generados a partir de la experimentación con una aplicación de inteligencia artificial muy básica, en un momento en que estas tecnologías todavía cometían numerosos errores y mucho antes del gran boom actual y de la aparición de las nuevas plataformas de IA. A partir de la palabra “venezolano”, lo que emerge no es una identidad nítida ni reconocible, sino una serie de rostros amorfos, desfigurados, inestables, atravesados por colores, emblemas y fragmentos que remiten al tricolor nacional. No son retratos en el sentido tradicional: son apariciones, residuos visuales, rostros intervenidos por una idea de país que prometió redención y produjo deformación.

Estas imágenes funcionan como una analogía visual del proyecto político fallido. El algoritmo, al intentar representar al venezolano, devuelve un cuerpo simbólicamente alterado: un sujeto descompuesto, saturado de signos patrios, pero vaciado de integridad. Sobre esos rostros aparecen textos manuscritos con los supuestos logros del chavismo y del madurismo, incorporados aquí no como celebración sino como contrapunto, como ironía, como fricción entre el discurso oficial y la experiencia histórica.

EL HOMBRE NUEVO no busca ilustrar una tesis, sino condensar un malestar. Es una reflexión sobre la fabricación ideológica del ciudadano, sobre la distancia entre propaganda y realidad, y sobre la forma en que una generación entera ha sido modelada (o deformada) por un experimento político que prometió una transformación moral y terminó dejando una identidad herida, fragmentada, borrosa.

Aaron Sosa
Marzo 2022

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