ASIGNACIONES PARA EL BIOMUSEO - PANAMÁ
Durante cuatro años tuve la oportunidad de acompañar, desde la fotografía, distintas etapas de una de las obras culturales y arquitectónicas más emblemáticas de Panamá: el Biomuseo, ubicado en la Calzada de Amador y concebido como un museo dedicado a celebrar la diversidad biológica y cultural del país y a explicar cómo el surgimiento del istmo panameño cambió el mundo para siempre. Diseñado por Frank Gehry, el Biomuseo es además la única obra del arquitecto en América Latina, una pieza de arquitectura profundamente ligada a la idea de Panamá como puente entre continentes, océanos, especies e historias.
Mi relación con este proyecto no se limitó a una sola cobertura, sino a una secuencia de momentos que hoy, reunidos, construyen una memoria visual más amplia: visitas de personalidades internacionales que llegaban a conocer la obra en plena construcción, registros del edificio todavía en proceso, eventos especiales y, finalmente, su apertura oficial. En esas imágenes conviven el esqueleto estructural del museo, sus superficies de color, los volúmenes imposibles de Gehry y la transformación paulatina de un edificio que fue pensado no solo como contenedor de exhibiciones, sino como un símbolo cultural de gran escala para Panamá.
Uno de esos momentos fue “La noche de las mil luces”, recordada como el primer gran evento oficial celebrado en el Biomuseo. Aquella noche, según la cobertura de la época y publicaciones del propio museo, el edificio fue intervenido con un espectáculo de luces y sonido sobre sus techos y estructuras, en una velada vinculada a la campaña de recaudación “Mil de Mil”, que reunió a donantes fundadores y convirtió al museo en una experiencia visual deslumbrante incluso antes de su inauguración formal.
La serie también incluye la inauguración oficial del Biomuseo, realizada el 30 de septiembre de 2014, encabezada por el presidente Juan Carlos Varela y acompañada por figuras políticas panameñas, entre ellas expresidentes, en un acto que marcó la apertura pública de una obra largamente esperada. Para entonces, el museo ya era visto como un nuevo emblema de la ciudad y como una institución llamada a reforzar la relación entre ciencia, cultura, educación y patrimonio natural.
Estas fotografías nacen de ese seguimiento prolongado. Más que mostrar un edificio, intentan registrar la construcción de un símbolo: su gestación, su encendido, su apertura y su entrada en la vida pública panameña. Son imágenes de arquitectura, de evento, de representación y de transformación, pero también de algo más profundo: de la manera en que un museo puede convertirse, poco a poco, en parte de la identidad visual y cultural de un país.