SAN BLAS PANAMÁ - ASIGNACIÓN PARA EL DIARIO MORGENBLADET

En 2014 viajé por encargo de Morgenbladet, uno de los periódicos más antiguos y prestigiosos de Noruega, hoy definido por el propio medio como una publicación independiente enfocada en política, cultura e investigación, con una larga tradición de periodismo reflexivo y mirada internacional.  

La asignación me llevó hasta Guna Yala, también conocida por muchos como San Blas, una de las regiones más singulares de Panamá: un territorio indígena semiautónomo en la costa caribeña, habitado por el pueblo guna y conformado por cientos de islas donde la vida conserva una relación intensa con el mar, la memoria y la tradición. Según fuentes oficiales de turismo de Panamá, una parte importante de la población guna vive entre la franja costera oriental del Caribe y decenas de islas del archipiélago; su economía se ha sostenido históricamente en la pesca, la agricultura, la confección y el intercambio comercial, mientras que su identidad cultural sigue expresándose con fuerza en elementos como la mola, una de las manifestaciones textiles más reconocibles de América Latina.  

Pero más allá de la imagen paradisíaca que suele asociarse a San Blas, lo que me interesó de este viaje fue precisamente esa tensión entre belleza y realidad. En estas fotografías no solo aparece el atractivo turístico del lugar, el mar abierto, las embarcaciones, la arena clara, las palmeras, las cabañas frente al Caribe, sino también la dimensión cotidiana de un territorio vivido desde adentro: los espacios domésticos, los retratos, los gestos, la intimidad de una comunidad que ha defendido su autonomía y su manera de habitar el mundo. Incluso el turismo en Guna Yala está regulado por sus propias autoridades, a través de normas y estructuras administradas por el Congreso General de Gunayala, lo que habla de una relación particular entre territorio, organización política y preservación cultural.  

Fotografiar Guna Yala fue, entonces, mucho más que registrar un destino exótico. Fue entrar en un espacio donde la naturaleza no es decorado, sino estructura de vida; donde el mar organiza el tiempo, la economía y el desplazamiento; y donde la cultura guna sigue afirmándose con una fuerza propia frente a la mirada exterior. Estas imágenes intentan dar cuenta de eso: de un territorio de extraordinaria belleza, sí, pero también de una comunidad viva, compleja y profundamente consciente de su identidad.  

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