LA HABANA - CUBA
La Habana es una ciudad que parece vivir en varios tiempos al mismo tiempo. En sus calles conviven la ruina y el esplendor, la fatiga y la belleza, la memoria y la resistencia. Hay ciudades que se dejan describir con facilidad; La Habana no. La Habana se impone como una atmósfera, como una música lejana, como una luz que cae sobre las fachadas gastadas, sobre los autos antiguos, sobre el malecón, sobre los cuerpos y los gestos de una vida que continúa aun cuando todo parece suspendido.
Fotografiarla en 2007 fue entrar en una ciudad cargada de símbolos, pero también de detalles mínimos: el color encendido de una carrocería, una pared herida por los años, una bandera agitándose contra el cielo, una esquina donde la historia parecía detenerse unos segundos. Más que registrar un lugar, este trabajo fue una manera de acercarme a una sensibilidad particular, a una forma de habitar el deterioro sin renunciar del todo a la dignidad, al deseo, al ritmo, a la imagen.
En La Habana, la luz no solo ilumina: revela. Revela capas de tiempo, rastros políticos, huellas afectivas, restos de esplendor y señales de desgaste. Cada superficie parece hablar. Cada escena contiene algo de teatro, de documento y de enigma. La ciudad se ofrece como un escenario profundamente fotográfico, pero también como una realidad compleja, donde la belleza no cancela la dificultad, sino que muchas veces nace precisamente de ella.
Estas imágenes buscan acercarse a esa tensión. No intentan explicar La Habana, sino dejarse atravesar por su presencia. Son fragmentos de una ciudad intensa, contradictoria y profundamente visual, donde el color, la arquitectura, el tránsito y la vida cotidiana construyen una poética propia. Una ciudad que, incluso en el desgaste, conserva una fuerza extraordinaria para ser mirada.