RETRATOS DE PAREJA DE TURISTAS EN CASCO VIEJO - PANAMÁ

Lo que comenzó como un paseo turístico por el Casco Antiguo de Panamá terminó convirtiéndose en una de esas asignaciones que permanecen en la memoria por su carácter inesperado y singular. Una pareja de origen ruso, residente en Estados Unidos, me contactó a distancia mientras se encontraba de visita en Panamá. Querían algo muy sencillo y al mismo tiempo muy especial: que durante un par de horas los acompañara a recorrer Casco Viejo y documentara su experiencia de una manera natural, libre y espontánea.

Más que una sesión de retratos en el sentido tradicional, se trató de un recorrido vivido cámara en mano. Caminamos por las calles del Casco Viejo, entrando en rincones, fachadas, pasajes y espacios a los que pude acceder gracias a años de trabajo continuo en esa zona y a la relación construida con muchos de sus dueños y encargados. Esa cercanía con el lugar permitió que la experiencia fluyera con naturalidad, como si la ciudad se fuera abriendo poco a poco ante ellos.

La mayor parte de las imágenes surgió de manera orgánica: conversaciones, gestos, miradas, intercambios, pausas, descubrimientos. Muy pocas fotografías fueron posadas. Lo esencial estaba precisamente en registrar el ritmo del paseo, la curiosidad de los visitantes, la atmósfera del lugar y la relación entre ambos mientras descubrían una ciudad que, por momentos, parecía desplegarse solo para ellos.

Recuerdo también lo particular del cierre de aquella jornada: fotografié con doble tarjeta en cámara, les entregué una de inmediato para que se llevaran una copia de las imágenes ese mismo día, y luego, días después, les envié una selección ya revelada. Fue una forma de trabajo directa, ágil y profundamente contemporánea, pero también muy humana: una experiencia fotográfica pensada para acompañar un momento irrepetible.

Esta cobertura conserva justamente ese espíritu. No habla solo de una pareja haciendo turismo en Panamá, sino de la posibilidad de transformar un paseo en un relato visual íntimo, elegante y vivo; una memoria construida en movimiento, entre la arquitectura, la luz y el pulso cotidiano del Casco Antiguo.

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